Esto resulta favorable sobre todo para el 26,9% del cereal que se encuentra desde encañazón en adelante.
Esta fotografía general de ambas entidades refuerza la idea de que, salvo en áreas puntualmente complicadas, el cereal transita la campaña en muy buena forma.
“Aunque hay una creciente preocupación por la recurrencia de las lluvias, el impacto en los cultivos de invierno se estima positivo en vistas a la creciente demanda de agua que presentarán al iniciar estadíos reproductivos”, menciona el PAS de la entidad porteña.
El gran desafío ahora es poder ingresar a los lotes. La saturación de los suelos impide avanzar con fertilizaciones nitrogenadas y aplicaciones de fungicidas, labores clave en este momento del ciclo.
La BCR advierte que ya se observa una pérdida importante de nitrógeno por lavado y desnitrificación, lo que podría limitar el rendimiento del cereal si no se logra refertilizar a tiempo.
La alta humedad también enciende las alarmas sanitarias. De continuar las lluvias y la imposibilidad de aplicar tratamientos, la presión de enfermedades podría aumentar de manera significativa.
Más allá de la foto general positiva, hay regiones donde la situación es mucho más complicada. Como se mencionó, la Bolsa porteña reportó que uno de cada cuatro lotes con trigo tiene excesos hídricos, concentrados principalmente en el este y sur agrícola.
Allí, los lotes anegados enfrentan riesgo de pérdida total por asfixia radicular.
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